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Actualidad y verdad

 

INFORMACIÓN MEDIATIZADA EN UNA SOCIEDAD

Asistimos cotidianamente a un bombardeo de información desde los canales de televisión, las emisoras de radio, los diarios, las revistas, etc., en el que se mezclan palabras como: primicia de..., exclusivo de..., único medio... Producto esto de la competencia que existe entre los distintos medios para conseguir la mayor cantidad de televidentes, oyentes y lectores.

Los grandes empresarios comenzaron a darse cuenta de que un medio de comunicación, además de ser un negocio, les otorgaba poder político porque podían utilizarlo como herramienta para transmitir su ideología, y poder económico ya que tenían en sus manos el manejo publicitario que les sirve para incrementar las ventas de sus productos o servicios. A partir de entonces los medios comienzan a ser comprados y manejados por empresarios (gente que nada tiene que ver con el espectáculo, las artes o los conocimientos necesarios para conducir un medio de comunicación masiva). Así una nueva lógica se instala en los medios: la lógica del cálculo, del negocio, de lo que produce dinero o no, de los intereses, de los prejuicios, de las publicidades encubiertas, de las presiones ideológicas, del rating.

Pero todo termina reduciéndose a una simple lógica: cuanta más gente vea un programa de televisión y/o a todo un canal, entonces ese medio de comunicación (TV, radio, diario, revista), tendrá mayor rating, más poder político y económico, es decir, mayor influencia ejercerá en la sociedad. Este factor Rating, creado por los mismos empresarios dueños de los medios, les es útil para medir el supuesto “éxito o fracaso” de un determinado producto mediático. El rating, como parámetro de medición, ha condicionado los contenidos de los diferentes programas de televisión, de la radio y de los medios gráficos a una nueva ética de pensamiento que pasa de lo que se quisiera hacer por gusto placer o creación libre del Ser (entiéndase esto último como Arte) a lo que se debe o conviene hacer por un rating prospero y trabajo seguro.

Los noticieros de los diferentes canales de televisión, que nos muestran la “actualidad” del país y del mundo, son utilizados como herramientas de transmisión ideológica y desde allí se difunden hacia la sociedad los denominados “lineamientos políticos”, es decir, las políticas sociales que promueve o rechaza un medio determinado. O dicho de otra manera, si un medio apoya al gobierno nacional, a un candidato político, etc. o se opone a esto. Como resultado la información, que es un patrimonio de los pueblos o sociedades, comienza a ser tratada como una mercancía o producto que además de ser adornada para que la consuma un determinado público, se la manipula con la intención de darle un sentido que es afín a la conveniencia del medio (es decir de sus dueños), producto de las distintas connivencias con el poder político y económico.

Así entre las diferentes estructuras de poder político y económico, encontramos a los medios de comunicación que contienen al campo periodístico sometido también a las exigencias del mercado e intereses ideológicos. Por ello pensar en que los periodistas, cronistas y fotógrafos son autónomos o “independientes” al momento de informar o dar a conocer un hecho tiende a ser en general una utopía. Pero si además de ser pasivos receptores de la información nos detenemos a observar y a realizar un pequeño análisis del contexto informativo podremos discernir qué grado de condicionamiento tiene la información que se recibe (o visto de otra manera, qué grado de autonomía tiene el periodista que está brindando la información) y así saber quién está más cerca de la verdad y quién manipula la información. Para reconocer estos parámetros hay que analizar cuál es el medio y quién o quiénes son sus dueños, a qué intereses políticos, económicos u otros responden estas personas, qué lugar ocupa el medio de comunicación en el espacio periodístico y en qué posición de la estructura del medio se encuentra la persona o el periodista que está dando esa información. Además es importante realizar una comparación del tratamiento informativo entre los diferentes expositores de la actualidad (canales de TV, programas de radio o TV, diarios, revistas, otros), es decir: no aferrarse a la información proveniente sólo desde un lado; y así con el ejercicio temporal-comparativo se reconocerá -casi con premeditación- si la información se manipulará y cuál será su costado ideológico, según quién nos la brinda.

¿Cómo garantizar que la actividad de los medios de comunicación y de quienes trabajen en ellos se base en el tratamiento de una información honesta y útil que permita a la sociedad aprender de los errores y crecer como comunidad o pueblo? La autorregulación establece una prueba de madurez de una sociedad, cuyos integrantes son capaces de asumir libremente responsabilidades y compromisos más allá de sus intereses particulares. No basta sólo con la Constitución Nacional y los Códigos Penal y Civil, sino que además es necesario el compromiso mutuo en un planteo explícito ante la sociedad de las normas éticas y morales de cada campo cultural (ej. Periodismo) para lograr que la acción colectiva y coactiva de los ciudadanos tienda a corregir las desviaciones de alguno de sus miembros y así reafirmar los valores de la cultura (de autonomía y realización humana) ante los de civilización (de necesidad, trabajo y comportamiento social) que someten al Hombre a la masificación, a las condiciones y a las necesidades externas a él.

Decidir a quién entregarle el valor de “verdad” para que nos narre los hechos de la actualidad es una de las formas de empezar a cambiar las malas costumbres de hacer periodismo.

 

Este texto fue realizado en octubre de 2003 por: Alejandro Costanzo

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