Fue un periodista comprometido con la profesión y los Derechos Humanos. Peleó contra la corrupción del Estado, el poder del Grupo Clarín y la extorsión de Papel Prensa. Su fama se acrecentó durante el gobierno neoliberal de Menem. En esa etapa realizó en su programa Día D investigaciones y denuncias que llegaron a marcar la agenda del periodismo nacional. Siempre habló usando información certera e irrefutable pero hoy se dedica sólo a opinar con débiles argumentos en espacios como: La Nación, Noticias, Perfil, Intrusos, La Cornisa, Clarín, TN y Canal 13. Se muestra irritado, egocéntrico y ofensivo. Sus descalificaciones a respetables colegas son frecuentes. Quienes lo aprecian prefieren no opinar sobre él, aunque se hacen la misma pregunta que muchos otros: ¿qué le pasa a Lanata?
por Alejandro Costanzo
“Nunca pensé que iba a ser tan viejo”, aseguró en 2010, tres semanas antes de cumplir 50 años. Luego miró a cámara, se tomó unos segundos de silencio y se dirigió directamente a sus televidentes: “quiero pedirles que me dejen pensar tranquilo”. Su vista osciló entre el público que estaba en el estudio y el que lo veía por Tv, mientras agregaba “¿es mucho pedir? Si yo no les digo lo que pienso, qué carajo hago acá. Quiero que me den la libertad de decírselo y que no me insulten por eso.”, sentenció Lanata.
Durante el año pasado utilizó con frecuencia la editorial de su programa DDT para responder con agresiones personales a colegas y actores que no concordaban con su visión de la realidad. Pero además tuvo las expresiones más contradictorias y polémicas que pusieron en duda su actitud profesional y su credibilidad.
El odio a 678
En diciembre de 2009 había dicho en su programa Después de Todo (DDT): “me da vergüenza ajena ver 678 y que ahí haya gente que laburó conmigo”. Para mostrar que sabía de lo que hablaba agregó que “678 es como el TVR desnudo, el TVR a lo bruto, que dicen cualquier cosa”. Pero durante 2010 repitió con la insistencia del que niega la verdad, haber visto 678 “diez minutos una vez. Te lo juro, creeme”, decía Lanata.
Se encargó de todos y cada uno de los panelistas de 678 utilizando lo que mejor maneja: el lenguaje como arma. Sobre Orlando Barone dijo que “es un pobre viejo acabado” y que le dio ganas de ir a “cagarlo a trompadas” ; evitó mencionar a su conductor Luciano Galende haciendo referencia a él como “un chico que era productor mío en la radio e iba a grabar a Moseñor Laguna”; remarcó con fuerza: “a Sandra Russo yo la llevé a Pagina 12”; agregó con desprecio: “Cabito no sé quien carajo es”; y para finalizar hizo referencia a Carlos Barragán como “el guionista de (Adolfo) Castello”.
Tampoco dudó en calificarlos en su mayoría como periodistas de “tercera o cuarta línea”. Además, dijo que son “cinco analfabetos que insultan al resto del gremio periodístico” y por si quedaban dudas de lo que estaba asegurando los tituló como “ratas de cuarta”.
Frases más polémicas
Sus frases más polémicas: “paren de robar con los ‘70”, “me tienen harto con la dictadura” y “Clarín es el más débil en la pelea con el gobierno” fueron certeras puñaladas a quienes siempre lo siguieron porque admiraron su periodismo. Es que su prestigio lo construyó en base al apoyo y difusión de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y por oponerse fuertemente a las corporaciones, sobre todo al multimedio Clarín.
Lanata no es un improvisado en el lenguaje. Sabe qué quiere transmitir y cómo decirlo. Escribe sus editoriales y apunta las frases textuales que desea remarcar para no olvidarse. Pero algunos días después de su hartazgo sobre la dictadura dijo -con el enojo del incomprendido- que no hacía falta aclarar que se refería a “la utilización que hacen con la dictadura”. Eso sí, sobre Clarín reafirmó su debilidad.
El ataque a actores y colegas
El actor Federico Luppi manifestó su opinión contra Mirtha Legrand. Lanata, quien le dijo a la diva en uno de sus almuerzos “vos sos la más grande”, salió en defensa de ella asegurando que “Luppi es otro vocero oficial”. Con su estilo irónico agregó que “lleva 30 años actuando de sí mismo y ahora se dedica a opinar sobre la moral de los demás” y catalogó a Luppi junto Florencia Peña y Andrea Del Boca como “una nueva casta de gente del espectáculo que bajó de la Sierra Maestra”.
Jorge Fontevechia, dueño de Editorial Perfil y amigo de Lanata, viajó hasta Boston para realizarle una entrevista. Quizá el título sensacionalista “El ‘exilio’ de Jorge Lanata” explique la necesidad del viaje urgente de Fontevechia a EE.UU. Allí se refirió a algunos colegas, entre ellos a Víctor Hugo Morales: “es una lástima lo que le pasó. Era un tipo al que le creía. Pero pienso que lo hace por plata”, aseguró. Aunque olvidó que en 2010 en el programa del periodista Paulino Rodríguez, por Canal 26, Lanata había afirmado que “Victor Hugo no se vendió a nadie. Es un tipo honesto, no me lo imagino vendiéndose. ¿No puede hablar bien y mal de lo que tenga ganas?”
A los pocos días, retornó de su “exilio” y repitió su discurso pero esta vez entrevistado en La Cornisa por Luís Majul. Lanata aseguró que “a Víctor Hugo lo atendieron políticamente” y reflexionó diciendo que “hoy viendo lo que factura en Canal 9 me imagino que lo hace por plata”. Pero no se animó a asegurarlo. Una actitud rara en un periodista que siempre manejó buena información y que algunos años atrás definía a La Cornisa como “un programa de espectáculos”.
La periodista María Julia Oliván –luego de una entrevista en Perfil- también recibió la bendición de Lanata ya que la minimizó diciendo “una chica que trabajó conmigo y que me insulta”. Además, le recordó que “tiene que terminar el colegio”. Y remató a su colega asegurando que “no tiene ninguna trayectoria, no existe, no tiene formación, sale e insulta”.
Sobre Horacio Verbitsky opina que “fue siempre más un político que un periodista y hoy ejerce funciones políticas”. Lanata dice que “Horacio se siente vanguardia y por eso escribe para doscientas personas”.
El periodista y conductor del programa Científicos Argentinos, Adrián Paenza, también fue alcanzado por sus afiladas frases. “Se reveló como un talibán del kirchnerismo en la entrega de los premios Martín Fierro", apuntó Lanata.
Su debut en Clarín

Pero lo que llamaría aún más la atención sobre Jorge Lanata fue la actitud que comenzó a tener a partir del 27 de marzo de este año. Luego de una protesta gremial de los trabajadores que impidió la salida del diario Clarín, se prestó -por primera vez- a los micrófonos y las cámaras del multimedio para defenderlo. Fue su periodista estrella durante 4 días. Lo invitaron a opinar por la mañana, al mediodía y a la noche en TN y Canal 13. Además, escribió un artículo para el diario Clarín titulado: “Un silencio que nos afecta a todos”, en el que insistió con la teoría de la censura y obvió por completo el conflicto gremial que generó el problema.
Su debut en el grupo Clarín dejó imborrables huellas. Lanata aseguró que el bloqueo fue uno de los hechos más graves desde el retorno a la democracia y agregó que puede suceder algo peor: “podrían matar a los redactores”. Además, dijo que “tenemos un gobierno que prefiere el silencio” y después de esto podrían “detener periodistas” o también que “un día desaparezcan todos los canales o los programas y todo sea un gran 678”, pronosticó.
A pesar de sus opiniones exageradas y carentes de información precisa, Lanata se atrevió a dar un dato de la realidad cuando dijo que en los hechos del bloqueo a Clarín no había muerto nade. Aunque le sirvió como pie para agregar: “pero murió un poco de la democracia argentina”.
Él asegura que "aunque sean unos hijos de puta, hay momentos en que yo me siento obligado a defender a Clarín”.
Lanata hoy
Se lo nota contradictorio, enojado, egocéntrico y dispuesto a atacar al que sea para mostrar su influencia ante la opinión pública. A los 50 años, dice que se siente débil, vulnerable y que está viejo.
Aunque lo niegue todo el tiempo, él parece haber olvidado su propia lucha que lo transformó en un gran periodista. Los hechos son más contundentes que sus palabras. A pesar de que nos enseño a pensar con información y a valorarla, hoy se dedica a opinar casi sin datos fehacientes.
Cree que “libertad es poder decirle a los demás lo que no quieren escuchar” pero ataca al que habla a favor de determinadas acciones del gobierno y a quienes se atreven a criticarlo como periodista.
Quizá la explicación de lo que le sucede se encuentre en otra de sus expresiones: “si yo no me respeto no puedo respetar a los demás”.
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