Emotiva despedida a Néstor Kichner. Foto de tapa Diario Tiempo Argentino, 30 de octubre de 2010
La muerte de Néstor kirchner permitió comprender muchas cosas. La verdadera realidad se vive con los cinco sentidos, los medios apenas transmiten fragmentos sonoros y visuales. El resto depende de cada uno de nosotros para comprender si lo que nos dicen se corresponde con la verdad.
por Alejandro Costanzo
La crisis del 2001 produjo en muchos argentinos bronca, impotencia, violencia y muerte. Pero sobre todo, un descrédito total de la política y de aquellos hombres que la ejercían. Entre protestas y ruidosas cacerolas una frase se dirigía directamente a ellos: “que se vayan todos... que se vayan todos”. Era una sensación de hartazgo ante tantas mentiras y frustraciones.
Desde 1983, continuos gobiernos democráticos tenían siempre problemas serios con la economía, la desocupación, la pobreza, la corrupción y la justicia. Temas recurrentes en los medios. La historia se repetía como tragedia. Los inmigrantes europeos que ya tenían hechas sus vidas decían que en este país es imposible morirse de hambre y que falte trabajo. Grandes extensiones de tierras fértiles y todos los climas. Nada puede faltar, repetían. Esto es mala administración. Los políticos son todos unos chorros, aseguraban con gran indignación.
En todos estos gobiernos algo sucedía casi con exactitud: un período de esperanza, otro de aceptación y resignación y el último de desilución total. Y así comenzaba un nuevo ciclo. Para todos ellos el Ministro de Economía era un puesto clave. El más importante y el más conocido por la sociedad. Una especie de super hombre que iba a salvar al País. Pero nada de esto sucedía. El final estaba anunciado.
Todos los políticos son iguales, se aseguraba cada vez con más fuerza, prometen y prometen. Hablan de bienestar social pero a los pocos meses de gobierno muestran su verdadera cara. Hasta hacen todo lo contrario de lo que habían prometido. Traicionan al pueblo que los votó. Así, la democracia continuaba siendo una simple palabra en boca de todos pero vacía de contenido.
El 21 de Mayo de 2008 publicamos en Mediatizados “Democracia: ¿qué te han hecho?”. Allí se expresaba el profundo descreimiento en la política repasando los gobiernos de Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Apenas un mes había pasado del conflicto entre el Campo y el gobierno de Cristina Fernandez.
El mandato de Néstor Kirchner tuvo cosas muy interesantes, como impulsar la renovación de la Suprema Corte de Justicia, conocida como “la mayoría automática” que respondía a Menem; convocar a Las Madres de Plaza de Mayo a participar en su gobierno para dar comienzo a una política de Derechos Humanos; quitar los cuadros de los dictadores Videla, Massera y Galtieri de las instituciones militares; impulsar la anulación de las leyes de “Obediencia debida” y “Punto final” para que todos los represores de la última dictadura argentina puedan ser juzgados.
Pero hasta la finalización de su gobierno Kirchner no había podido modificar las fuerzas del Poder Real que siempre “gobernaron” la trágica historia de Argentina: un Poder en las sombras conformado por grupos económicos locales y multinacionales extranjeras que se agrupan bajo el “fuego discursivo” de los multimedios de comunicación. Entidades como la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) le dan vida a esta estructura nefasta para la democracia que se replica en la mayoría de los países de Latino América.
Así, en 2005 Kirchner tuvo que extender a los medios las licencias por 10 años más de los 15 que ya tenían, es decir hasta el 2030; y días antes de terminar su mandato permitió que el Grupo Clarín monopolice las señales de cable. Se fusionaron de hecho Multicanal y Cablevisión. Por eso entendíamos que mientras no se enfrentara a la estructura del Poder mediático no se lograrían importantes cambios para el país. Y su gobierno sería uno más.
Pero algo cambió repentinamente. La pelea con el Campo precipitó las políticas de fondo del Kirchnerismo con la gestión de Cristina Fernandez. Tenían dos posibilidades: pactar con ese Poder oscuro como hiceron sus antecesores o enfrentarlo. Esta vez, se jugaron por la segunda opción.
La Ley de Medios no era una más. Los Kirchner sabían que con ella darían un primer sacudón al centro del Poder Real que dominaba las políticas de Argentina. La Ley de Medios fue la primer ficha del dominó que inició algo irreversible difícil de detener o volver atrás: el Estado comenzó a retomar el Poder que le habían arrebatado las corporaciones económicas con la ayuda de dictaduras militares y gobiernos democráticos.
A partir de entonces la Política empezó a ser más creíble. La sensación de que un gobierno está al servicio del pueblo y nó de los grupos de negocios se transforma en algo real y concreto. Luego de la Ley de Medios se sucedieron medidas -una tras otra como en el dominó- que comenzaron a devolver la confianza y esperanza. Las más importantes fueron: la posibilidad de ver el fútbol por TV abierta y gratuita; la nacionalización de las AFJP (jubilaciones privatizadas); la nacionalización de Aerolíneas Argentinas; la Asignación Universal por hijo; la continua reducción de la deuda externa y el rechazo de recetas impuestas por el FMI; la Ley de Matrimonio Igualitario; el avance en la integración latinoamericana que consolidó el MERCOSUR y la UNASUR; y el objetivo de asignar para 2010 el 6% del PBI en Educación, entre otras.
La gestión de los Kirchner tiene varias cosas para criticar y modificar. Podríamos mencionar la falta de libertad sindical y el monopolio de las telefónicas, por ejemplo. Pero lo que nunca se debe hacer es caer en la hipocresía de ver sólo lo malo o pensar que todo es malo. Para los que no llevamos la bandera partidaria, reconocer que este gobierno ha generado las políticas más positivas para el país de los últimos 50 años, no es apoyarlos incondicionalmente sino ser justos.
Algo distinto pasó y no nos dimos cuenta, o mejor dicho los grandes grupos mediáticos -esos que siempre tuvieron la manija del país- se ocuparon con vehemencia, con bronca y odio de que veamos sólo lo malo, lo negativo, lo que a ellos le conviene para mantener los negocios y el Poder. Que nada cambie es su objetivo.
Hechos como la muerte del ex Presidente son difíciles de manipular o minimizar porque se impone el vivo y directo de los canales de TV. No hubo tiempo para torcer la realidad, para desalentar a quienes fueron a despedirlo. No hubo tiempo de nada. Los medios estaban desnudos e impotentes mostrando lo más cercano a la verdad: los cientos de miles de ciudadanos -entre ellos muchos jóvenes- que se acercaron al velatorio confirmaron que el gobierno de los kirchner no es uno más en el ejercicio del poder.
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